Mujeres Restauradas

Historias de mujeres rescatadas del tráfico humano

Una historia desde el Sudeste Asiático

Hace un mes iniciamos un tiempo de consejería grupal con las mujeres que llegan al centro de entrenamiento en donde desarrollan sus habilidades de costura.

Al inicio, como todo proceso, no querían hablar mucho de sus situaciones, pero poco a poco fueron abriendo el corazón, y compartiendo sus experiencias difíciles. La mayoría de ellas abandonadas por sus esposos, algunas fueron abusadas aún dentro de su matrimonio, y en la actualidad presentan dificultades para llevar adelante sus hogares. Sin embargo, sabemos que Dios ha permitido este espacio para que ellas abran sus corazones, compartan experiencias, sean animadas y sobre todo, que el Señor sane cada una de sus heridas.

En este tiempo nuestro deseo ha sido guiarlas en un proceso con miras a que puedan abrir un pequeño negocio entre todas. Iniciamos en la segunda sesión reflexionando un poco sobre sus habilidades en ciertas áreas, luego pasamos a preguntarles qué deseaban hacer con este conocimiento que ahora tenían más claro, y surgió la idea de pensar cómo podrían emprender un negocio. Hoy (8 de noviembre) estuvimos tocando el tema de liderazgo porque notamos que en el proceso ninguna se sentía capaz de asumir tal responsabilidad. Pero hoy, al terminar la sesión, muchas de ellas hablaban cómo han sido líderes dentro de sus hogares y conversaban sobre patrones que no quisieran repetir. Discutieron además acerca de las cualidades de un buen líder.

Para mí, como servidora, ha sido impresionante ver como en un par de semanas han abierto su corazón. Nosotros guiamos la sesión y compartimos con ellas sobre el modelo de liderazgo en el cual creemos: el liderazgo de servicio. A manera de testimonio, hoy nos decían: “Antes las personas nos miraban con desprecio, nos decían que éramos tontas, que no éramos capaces, y que la relación dentro de nuestro vecindario también es diferente. Pero al llegar aquí hemos visto el ejemplo de ustedes. Ustedes nos animan y no sentimos miedo. Ustedes creen en nosotros y muchas cosas más.”

Estoy muy agradecida con el Señor por lo que ha estado haciendo en estos tiempos en la vida de cada una de estas mujeres, y en cada una de sus historias. Hoy, en el tiempo de peticiones, pude elevar una oración mencionando a cada una por su nombre, y podíamos sentir la presencia de nuestro amado Padre moviéndose. Dios sabe que tengo un sueño en el corazón, y es el de ver a estas mujeres triunfar, tener una forma de llevar sustento a sus hogares de una manera estable y que sus vidas sean transformadas por Él. En un par de semanas me toca despedirme de ellas, pero sé que mis compañeras podrán continuar con el trabajo.

¡Gloria sea dada a nuestro Dios
que nos ha dado el privilegio
de ser parte del latir de su corazón!